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Mirar la hora o entrar en el cine

(Foto: Cortesía Greubel Forsey )

El otro día vi en una tienda un maravilloso reloj. Era de estilo deportivo con su correa de cuero y cristal de zafiro. Entré en la tienda y me lo puse. Cuando me iba a ir con el reloj puesto, el dueño de la tienda que hasta el momento había sido muy amable, con tono áspero me detuvo y me invitó a pagar el reloj si lo quería y si no, a devolverlo.

Extraño, le propuse una nueva solución acorde con los nuevos tiempos:

Mire señor, usted está fuera de la actualidad. Le voy a indicar como va a funcionar a partir de ahora las cosas:

Yo veo algo que me gusta, pero no lo puedo pagar. Lo cojo y me lo llevo. Pero no se preocupe. Vamos a negociar usted y yo un justiprecio de lo que me he llevado siempre y cuando a mi me parezca justo y equilibrado y así todos saldremos ganando.

El me mira sorprendido y levantó las cejas cuando descubrió lo que le estaba diciendo. ¡Ah vamos, como la Kirchner o Evo Morales!

Exacto le dije yo. Veo que nos vamos a entender.

El me propuso una metáfora. Vamos a hacer otra cosa. Es como si usted trabaja en un cine y a mi me gusta la película, pero no quiero pagar. Quedo con unos amigos y nos metemos todos dentro pero sin abonar la entrada.

Ah vamos, como algunos catalanes que no quieren pagar en las autovías de peaje!

Exacto me dijo él. ¿Que opinaría usted?

Pues que si todo el mundo se colara, nadie haría películas ni nadie tendría un cine como negocio. Sería absurdo.

¿Entiende usted con ese mismo argumento lo del reloj?

La cosa no dejaría de ser motivo de sonrisa si no fuera que la crónica de lo absurdo no se rige por leyes cuánticas o físicas sino por el infatigable empeño de determinados partidos en ser absurdos. Me refiero a la posición de Izquierda Unida que aboga al gobierno español en expropiar aquellas empresas extranjeras que operan en España. No merece más comentario que no dedicar ni una línea más a aquellos que siguen en la época del pleistoceno. Como dice el refrán, un hombre que es todavía de izquierdas a los cuarenta es que no tiene cabeza, o no paga impuestos, o vive del sistema.

Disculpas, expropiaciones y copago

Después de los ríos de tinta que han corrido por la cacería del Rey la pasada semana, pidió disculpas a la salida de la clínica por todo lo acontecido. Bajo mi punto de vista es un acto que honra al monarca y del que tenían que aprender muchos otros y también pedir perdón.

Deberían pedir perdón los que negaron la crisis

Deberían pedir perdón los dirigentes de las Comunidades Autónomas que han hecho una gestión nefasta de sus cuentas.

Deberían pedir perdón aquellos que apoyaron o disculparon a los terroristas.

Deberían pedir perdón aquellos que utilizaron las instituciones en interés propio.

Dicho esto, me gustaría hacer un comentario sobre la situación en Argentina creada por la nueva Che Guevara con falda.

Ha imitado el “¡Exprópiese!” de Chavez sin decir la verdad. Cristina, a quien le aburre gobernar y administrar un país al borde del caos, le divierte más perseguir a los que no le pagan tributo con la pleitesía como moneda.

Ha declarado que su marido fallecido, Néstor, “siempre soñó con recuperar YPF para el país”, pero habría que recordarla que fue su marido quien se la vendió a Repsol en 1999 por 15.000 millones de euros cuando la filial argentina perdía 50 millones al día. No sé en que va a acabar todo esto, pero hay una cosa segura y es que aquí, pase lo que pase han perdido los argentinos y los accionistas de Repsol. El hecho de que algunos de ellos sean fondos de inversión americanos es un dato a tener en cuenta.

A todo esto IU ha dicho que apoya a Argentina, y que lo que debería hacer el gobierno de España es lo mismo con las empresas internacionales que invierten aquí. Y estos son los que van a decidir la política de Andalucía. Sin comentarios.

Y por último, tercer frente mediático de actualidad y es el copago farmacéutico.

Ay, Dios Mío, cuánta demagogia. Qué dirían los ideólogos de la izquierda si la derecha impusiera el copago a la cultura como hace IU y PSOE en Parla, donde para poder utilizar una biblioteca hay que pagar tres euros. Lo primero que hay que decir es que el copago existe ya. De hecho los funcionarios del Estado pagan el 30% de las medicinas toda su vida, estén trabajando o siendo jubilados. El gobierno lo que ha hecho es hacer pagar en función de la renta y con un límite más que aceptable las medicinas que se utilicen. 8 euros al mes en las pensiones de hasta 18.000 al año y 18 euros al mes en las pensiones de más de 18.000.

España destina el 1,8% del PIB a comprar medicamentos y es el cuarto país en gasto farmacéutico por persona en la UE de 15. El gasto farmacéutico es elevado no por los precios sino por la cantidad de medicamentos consumida. España es el segundo país que más medicamentos consume entre los 15 países más desarrollados del mundo. El número de recetas por persona ha aumentado un 21% en los últimos seis años, mientras que el precio real se ha reducido un 10%.En promedio, el conjunto de los pacientes ha pasado de pagar más de 20 de cada 100 euros en 1979 a pagar hoy solo alrededor de 6. Este sistema padece dos graves problemas que se agravan con el tiempo: la carga del copago se reparte de forma poco equitativa y favorece el sobreconsumo.

Se puede -y además es un deber ético- aumentar la eficiencia y productividad del sistema sanitario público pero para algunos lo que se puede y debe es seguir sin tomar las decisiones y sin llegar a acuerdos con el gobierno para conseguir sacarnos de la crisis que otros nos dejaron y todavía no han pedido perdón.

Presupuesto Generales del Estado 2012

Se dice que la arquitectura es el testigo menos sobornable de la historia. Estoy de acuerdo, pero habría que añadir que las hemerotecas le andan casi a la par.

Hago esta reflexión con motivo de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado.

España se encuentra ante el reto más importante que ha tenido que afrontar desde el inicio de la Transición Política.

A finales de 1982 era obvia la necesidad de acometer una serie de medidas si no se quería evitar el colapso de la economía española que al igual que hoy, amenazaba estar al borde de la insolvencia. En este marco, la teoría sugería y la evidencia empírica demostraba que había que tomar una seria de medidas muy concretas.

Al igual que entonces, la brutal escalada del paro fue el resultado de la crisis, pero sobre todo de un error de diagnóstico del entonces gobierno socialista, que al igual que ahora, entendían el aumento del desempleo en clave keynesiana, es decir, como una consecuencia de la caída de la demanda, y dando como solución el incremento del gasto público. Gasto que no hay cosa más injusta para nuestros hijos. Nosotros gastamos hoy para que ellos lo paguen mañana.

En 1982 se tomaron entre otras medidas la libertad los horarios comerciales, la liberalización de alquileres, disminución del impuesto de sociedades, una amnistía fiscal y una medida entonces innovadora: el contrato temporal, rompiendo con los presupuestos ideológicos del PSOE, pero la necesidad obligaba a ello.

Además, en esa época el esfuerzo fiscal al que fueron obligados los españoles fue de 1,5 veces superior a los franceses, dos veces al de los alemanes, 3 al de los británicos y 3.5 veces el de los norteamericanos. Esas eran las medidas del gobierno socialista para sacarnos de una crisis, porque gestionar en época de bonanza, dilapidar lo recibido y dejar para el próximo gobierno las deudas y decir desde la oposición “nosotros lo haríamos mejor” es muy fácil. Al menos, más fácil que recibir una mala herencia económica y transformarla en una boyante.

Por ello, el gobierno actual ha tomado unas decisiones que muchos critican. Sin embargo, en no pocas ocasiones los futuros beneficiarios de una reforma económica o laboral forman parte de un colectivo potencial indeterminado y genérico, el público en general, los consumidores, los contribuyentes, los parados que no siempre son capaces de anticipar las oportunidades que se les abren. Sin embargo los que se ven afectados de forma inmediata por las reformas tienen mucha mayor capacidad de organización, de reacción y de acceso a los medios de comunicación a través de partidos políticos, sindicatos y asociaciones.

Aún así, este gobierno no va a hacer como otros que en su día retrasaron las reformas hasta que la crisis las hizo inevitables, o incluso llegada la crisis tampoco las acometió puesto que el hecho de que los sacrificios se noten a corto plazo pero los beneficios a medio o largo hace que las reformas que impliquen esfuerzos inmediatos no sean agradecidas ni los futuros beneficios asociados a la acción del gobierno que hizo las reformas. Como todo en la vida, el tiempo dará y quitará razones.

Razones para no hacer huelga

Ya ha llegado. Ya está aquí. Es el día de la huelga general. Esto es como los partidos del siglo, que hay uno cada seis meses y al final la expectativa ante tal acontecimiento se difumina como un azucarillo. Igual ocurre con las huelgas generales. Ha habido ya tantas que la ciudadanía ya no lo toma como un acto absolutamente excepcional sino que ya solo les toca decir “ya tenemos otra huelga general”.

Evidentemente yo no voy a hacer huelga. Hoy estoy en mi puesto de trabajo, como todos los días, y no voy a hacer huelga por las siguientes razones:

1/      Porque se lleva negociando tres años entre el gobierno y los agentes sociales y no se ha llegado a un acuerdo, mientras cada mes se van miles de personas a la calle y casi el cincuenta por ciento de los jóvenes no encuentran empleo. No es de recibo que se solicite más y más tiempo para seguir y seguir negociando.  El tiempo a millones de parados hace mucho que se les acabó y exigen que el Gobierno actúe.

2/      Porque llevamos cinco millones de parados y con escasas expectativas de crear empleo con la normativa laboral anterior. Dicen que la actual va a destruir empleo (seguro que menos que la que estaba en vigor, dicho sea de paso), pero de lo que se trata es de contratar y parece ser que en escasas seis semanas ya se han contratado diez mil empleos, la mitad de emprendedores y jóvenes.

3/      Porque lo que no necesita este país es una huelga. Muchos países se equivocan al elegir a sus dirigentes, y la imagen que menos necesita este país ante los inversores extranjeros tiene que ser de madurez y de esfuerzo. Debe ser un país donde todos debemos arrimar el hombro y sacar a este país de la situación en la que está. Nuestros hijos nos lo agradecerán. Lo que menos necesitamos son imágenes y sensaciones de ser un país caótico.

4/      Porque tiene connotaciones políticas. Para mí eso es evidente. Al PP no le han permitido ni cien días de gobierno para hacerle la primera huelga general. Y digo la primera porque vendrán más. Sin embargo al PSOE le hicieron una a regañadientes casi obligados presionados por la opinión pública que no entendía como un gobierno que estaba creando el mayor número de parados de la historia de este país no tenía una contestación por parte de los que se suponen que defiende a los trabajadores. Los cientos de millones de euros de subvenciones no ayudaban precisamente a darles el beneficio de la duda sobre su independencia.

5/      Porque no sé para qué sirve hacer la huelga si la reforma va a seguir su trámite parlamentario. Si al gobierno se le ocurriera dar bandazos en sus decisiones ya sería la puntilla para un país que lo que más necesita es credibilidad y un gobierno que tenga claras sus decisiones. Esta huelga no es más fruto de un mensaje al gobierno: sois de derechas y vamos a oponernos a todo lo que hagáis. Que conmigo no cuenten.

6/      Porque existe derecho a la huelga, pero también al trabajo y porque mi obligación como político y como padre de familia es trabajar, porque para eso me han votado y debo cumplir con mi obligación, que para eso he decidido aceptar la responsabilidad de ser padre.

7/      Por el compulsivo deseo de las élites sindicales mejor colocadas bajo la sombra protectora del Estado de proceder a un nuevo acopio de poder ante el riesgo de que “todo estalle”.

8/      Por  último, voy a terminar con un fragmento del Quijote. Es una parte de la carta de don Quijote a Sancho Panza, gobernador de la ínsula de Barataria. Dice así:

“Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entra otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lo he dicho; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos, que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que el hambre y la carestía”.

Los años pasan, pero las necesidades humanas son las mismas.

Sector Público

Lo peor de la ignorancia es que cuando se prolonga se coge confianza y algo parecido ha ocurrido en nuestro país con la utilización del sector público no para servir a los ciudadanos, sino para el provecho de unos pocos.

Hace escasas fechas la vicepresidenta del gobierno anunciaba la eliminación de 80 empresas públicas que abarcaban todo tipo de actividades, desde la alimentación a actos relacionados con los Juegos Olímpicos de 1992 entre otras. Les ha faltado montar una empresa que conmemorara desde 1812 la Constitución conocida como La Pepa. Doscientos añitos viviendo del presupuesto.

El más absoluto sentido común apoya estas acciones, mientras la izquierda sigue abogando por el mantenimiento del Sector Público, como si ello significara una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos y la verdad es que sí, que mejoraba la calidad de vida, pero solo de unos pocos a costa de los impuestos del resto

Decía Confucio que los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos y algo parecido ha estado ocurriendo con estas empresas y a saber cuantas cosas más. Más vale tarde que nunca, y al igual que ha sido el PP el único partido que ha limitado los sueldos de los Consejeros de las empresas públicas, también ha sido el único que ha eliminado las que no consideraba imprescindibles.

Pero claro, mejor hacer una huelga general no vaya a ser que tengamos PP para rato y lo mismo que ha empezado con los recortes en las empresas públicas siga con las subvenciones a los sindicatos y entonces la cosa puede empezar a molestar de verdad a estos sindicaos, que yo les llamo como aquel grupo musical español que tantos éxitos tuvo llamado “los héroes del silencio”.

Y es que llamar a las cosas por su nombre no sólo es un requisito indispensable para un cabal entendimiento en la vida social, sino que, en muchas ocasiones, es también una exigencia de honradez intelectual. De lo contrario, puede ocurrir lo de aquel obispo que, con tal de comer carne durante la cuaresma, mantenía que las ancas de rana no eran carne, sino pescado, puesto que tales animales viven en el agua.. y es que los sindicatos no salen a la calle para defender a los trabajadores. Más de cinco millones de ellos han dejado de serlo y no he visto a ningún partido de la izquierda, ni a los empresarios, ni a los sindicatos ni a nadie poner encima de la mesa alguna reforma que impida la sangría de puestos de trabajo o incentive la contratación.

El igual que la mayoría de las parejas dedican más tiempo a explicar lo que piensa cada uno que intentar entender lo que piensa el otro, eso mismo está haciendo los llamados “agentes sociales”. Dicen que quieren negociar la reforma laboral, pero lo único que hacen es criticarla sin poner encima de la mesa un documento alternativo. Así les va.

Pero un gobierno responsable que ha tenido hace escasas fechas el segundo mayor apoyo en la historia de la democracia no podrá pecar de inactividad. Podrá equivocarse, pero tiene que dar remedios a una situación que ya hace tiempo era dramática. Como decía Einstein, si quieres que las cosas cambien no hagas siempre lo mismo y eso es lo que algunos, disfrazados de legitimidad piden al gobierno. Pero esa legitimidad no se la puede atribuir uno. Hay que ganársela. Solo un 15% de los trabajadores españoles están sindicados. Que me expliquen porqué unas organizaciones que no las aceptan como representantes un 85% de los trabajadores pueden plantar cara a un gobierno que ha tenido el apoyo de doce millones de españoles. Doce millones que desgraciadamente, no todos son trabajadores, aunque los sindicatos no deben preocuparse. Este gobierno dará las condiciones para que muchos de esos doce millones que ahora están parados, en escasos años sean asalariados  y si quieren podrán sindicarse. No obstante, entonces sí deberían empezar a preocuparse y a medida que se crea empleo, cada vez menos personas gustan de la música de Enrique Bumburi. Quien tenga oídos que oiga.

Si lo veo, no lo creo

 

Decía Rubalcaba el otro día que si alguien quería saber lo que vale la palabra de Rajoy, que mirara la nómina de febrero y su carta de despido. Lo dijo él, que fue vicepresidente del peor gobierno de la democracia reciente en España.

Habría que contestarle que él mismo respondiera a esos cinco millones largos de parados que no pueden mirar su nómina porque no la tienen y en lo que refiere a su carta de despido, espero que no pida adjuntarla con ese famoso eslogan con el que el PSOE ganó las elecciones que decía algo así como “por el pleno empleo”.

El caso es que la oposición está haciendo justo lo que le criticaba entonces al PP y es otra cosa que no remar en la misma dirección, no arrimar el hombro, no ayudar al ejecutivo en sus reformas para terminar la crisis… incluso mandando al Constitucional la reforma laboral, cuando le reprochaba no hace mucho al PP que se llevara a ese mismo Tribunal la ley de matrimonios homosexuales argumentando que no se estaba dejando al gobierno de entonces hacer las leyes que entendieran eran necesarias.

A mí eso no me llama la atención. Era previsible. Incluso también previsible el ataque a las sedes del PP que igual que ocurre en las huelgas, son grupos de “incontrolados” los que nos están recordando a los momentos nada ejemplarizantes. Para ello, el gobierno tiene la solución y no es otra que hacer cumplir la ley, de manera que quien utilice la violencia, se le ponga a disposición judicial y que los jueces determinen si esas acciones son dignas de encarcelamiento. Ese es el sistema y así debe seguir, porque el hacer manifestaciones rompiendo mobiliario urbano, impidiendo el tránsito de personas, coaccionando a los ciudadanos por su ideología política, impidiendo a determinados medios de comunicación hacer su trabajo por su línea editorial nos lleva a una situación que mezclada con una gran crisis económica es inherentemente peligrosa.

Ahora se le critica al gobierno tomar decisiones con las que la mayoría de la población está disconforme. Eso habría que verlo, porque las manifestaciones de hace días no estaban ni el total de liberados sindicales que hay en España, pero aunque así fuera, nadar contra corriente no es necedad si las aguas van hacia las cataratas.

No quería terminar mis palabras para explicarles a algunos la diferencia entre humillar y matar. Lo primero es mostrar señal de sumisión y lo segundo asesinar a una persona con premeditación. Como diría la canción, no es lo mismo y solo el tener que explicarlo es para que a uno se le abrieran las carnes. De Juana Chaos no humilló a 25 guardias civiles aquel fatídico 14 de julio de 1986. Las mató. Espero que todo el mundo entienda la diferencia.

La altura del sol

Normalmente me guío por las noticias que encabezan los telediarios nacionales para elegir el tema que tratar en mi blog, pero hoy voy a hacer una excepción. Ayer todos los telediarios abrieron con la muerte de Whitney Houston durante más de diez minutos, que siendo sin duda una mala noticia para el mundo de la música yo creo que es más importante la reforma laboral.

Para empezar traigo a colación una cita de Einstein: si quieres que las cosas cambien no hagas siempre lo mismo. Obvio. Pero algunos no lo han entendido. Teníamos una normativa laboral de la época de Franco y desde entonces prácticamente seguía siendo la misma.

Dicho esto, y después de más de cinco millones de parados parecía razonable que el gobierno tomara cartas en el asunto, que para eso le hemos votado.

Emplazó a los sindicatos y patronal a que llegaran a un acuerdo en pro de que la nueva reforma laboral gozara de un consenso previo con los agentes sociales lo que sin duda sería una buena noticia, aunque como todo el mundo sabe no fue posible.

Y hete aquí que el gobierno se ha puesto a gobernar. Parece otra obviedad pero estábamos últimamente bastante mal acostumbrados a que gobernaran y tomaran las decisiones aquellos que no tienen lo que hay que tener para presentarse a las elecciones y calibrar el “teórico apoyo ciudadano” que dicen que tienen.

No voy a entrar en los detalles de la reforma porque me parece absurdo. Y me parece absurdo porque la reforma laboral no es un fin en sí mismo. Es un medio.

El fin es conseguir que disminuya el número de parados y afortunadamente esto es un dato empírico, demostrable y cierto. Por eso solamente se podrá decir si dicha reforma es buena o mala cuando dentro de un tiempo prudencial (dentro de un año) se presenten los datos.

Estamos de obviedades, y otra es que quien contrata son los empresarios. Y si la empresa no va bien no contratan. Y si la empresa va mal despiden. Y si les empieza a ir bien pero el contratar les impide tener flexibilidad o capacidad de reacción ante cambios en el mercado no contratan. Y con esto y los sindicatos emborrachados de millones de euros de subvenciones llegamos a los más de cinco millones de parados.

Y a todo esto los sindicatos proponen movilizaciones. No se atreven a una huelga general porque ya vieron el fiasco de seguimiento de la última donde solo la secundaron un porcentaje de los liberados sindicales y aquellos que informados por los piquetes informativos la hicieron voluntariamente. Pues que se anden con cuidado porque la gente está muy harta y están saliendo otros movimientos que también dicen que representan a los trabajadores, a la gente común, al ciudadano normal (me refiero al movimiento15 M) que el día que consigan sacar a la calle más gente que los sindicatos “institucionales” se habrá acabado su presente y su futuro. Decía Novalis que cuando veas a un gigante, examina antes la posición del sol, no vaya a ser la sombra de un pigmeo y ahora encima de la sombra de los sindicatos está menguando…

Quo vadis?

Cuentan que el fin del mundo va a ser el próximo 23 de diciembre según el calendario maya. Yo no creo en esas profecías apocalípticas, pero el camino que están tomando las cosas es como para hacérselo mirar.

En la situación de desamparo en la que nos encontramos las clases medias se le ha unido una nueva vuelta de tuerca con una nueva subida de impuestos que presumo será como ha dicho la vicepresidenta el “inicio del inicio”, puesto si como todo parece el PP va a ganar en Andalucía y la deuda va a ser mucho más de lo que está reconocido, la penúltima subida de impuestos está a la vuelta de la esquina.

La primera pregunta que me hago es: ¿Cómo vamos a pensar que Europa y los mercados nos van a dar credibilidad si hasta nosotros mismos nos hacemos trampas? ¿Por qué cuando hay cambio de gobierno en un Ayuntamiento (caso de Leganés), en una Comunidad (caso de Castilla La Mancha) o en el Estado la deuda reconocida y la real se parece como un huevo a una castaña? La realidad ni es verdad ni se le parece.

Entiendo las medidas que ha tenido que tomar el gobierno, pero es que no se puede hacer otra cosa. No podemos ir ahora a Europa con la cantinela “a la griega” de que los estados contables no son de fiar y los compromisos no se pueden cumplir. A partir de ahora, en cualquier programa electoral vamos a tener que poner al final de las páginas un asterisco que diga algo así como “todo esto en función de lo que nos encontremos debajo de las alfombras cuando lleguemos al gobierno”.

El caso es que nos guste o no todo esto se veía venir. A partir de la década de los ochenta ha habido algo que unos llaman más democracia que nunca y yo lo llamo más gasto público que nunca. Y no más mercado. El intervencionismo no se redujo en ninguna parte, ni el gasto público, ni los impuestos. Y todo eso no se podía criticar porque era ir en contra de la democracia, de la igualdad de rentas y del Estado de bienestar.

Pues al final pasa lo que pasa. Que no hay dinero para todo eso, y ahora hay que apretarse el cinturón. Pero me gustaría enarbolar una pancarta que pusiera aquel reclamo publicitario que decía “yo no soy tonto” y decir que ya esta bien.

Saldremos de esta crisis. Pero ¿para que?

Para que venga otra vez la izquierda y nos inunde otra vez de derechos virtuales, que no podremos pagar, con más coacción, y menos mercado, es decir, menos libertad para que los ciudadanos dispongamos de lo que es nuestro. Y vuelta a empezar. Ocurrió con la crisis del 96, la salida de la crisis en el año 2004, otra crisis en el año 2008, para salir de la crisis en el 2014, para que venga la izquierda más adelante y se repita el ciclo.

Los dos únicos lugares en el mundo donde una brújula no marca el norte magnético son el triángulo de las Bermudas y el desierto de Sonora. Espero que muchos de los españoles tengamos claro que no todos los gobiernos son iguales y no perdamos el norte en ideologías huecas, banales y reconocer a cada uno lo que la historia está demostrando.

Muchas felicidades y Feliz 2012.

 

Bravisimo Italia!!!!

Un obispo inglés de corta estatura y larga inteligencia llamado John de Salisbury escribió en pleno siglo XII unas sentidas reflexiones que merecen ser recordadas: “Quis teutonicos constituit iudices nationum? Quis hanc brutis et principem statuant super capita filiorum hominum? Es decir: ¿Quién ha nombrado a los alemanes jueces de las naciones? ¿Quién ha dado a estos hombres brutos e irreflexivos la autoridad de elegir arbitrariamente a un príncipe sobre las cabeza de los hijos de los hombres?

Por supuesto no considero a los alemanes ni brutos ni mucho menos ireflexisvos pero la cita quiere dejar patente el miedo por parte de algunos de excesivo peso específico que afectarían a terceras partes por parte de lo que actualmente es la República Federal de Alemania. Desde la creación de la Unión Europea, algunos opinábamos que el mayor problema de nuestro continente a nivel político era que las partes eran más importantes que el todo y al final eso está llevando a donde está llevando. Escribía en anteriores blogs que si Berlusconi lo ha hecho mal, que se vaya, pero acto seguido que se convoquen elecciones. No me parece bien que desde Alemania les digan a los italianos y griegos quienes van a llevar los designios de su país por mucho que el atrezzo lo haya disfrazado con una votación en los respectivos Parlamentos.

Y aquellos lodos traerán esos barros. Los tecnócratas han hablado y los políticos han llorado al dar las noticias. Y no digamos nada cuando los ciudadanos opinen. Posiblemente no se limiten ni a hablar, ni muchísimo menos a llorar. Ellos son latinos como nosotros y tienen ese punto de Quijotes que en momentos de especial enfado muestren su más radical temperamento. ¿qué en Londres y París la gente se ha echado a la calle? Esperar y verás como se echen los italianos.

El caso es que estamos todos de acuerdo en que había que tomar medidas de ajuste, pero sobre todo en el sector público. Algunos reprochan que sobre todo en el privado. Pero la diferencia entre ambos casos es que mis deudas me las pago yo, y en el caso del sector privado a mí me toca pagar mis deudas, y las de el resto.

Don Ramón de Campoamor, tan popular en su día por sus humoradas y otros similares versillos de vuelo rasante, sostenía “ en la guerra y amor es lo primero / el dinero, el dinero y el dinero, aforismo que se puede hacer extensivo a cualquier política pública: difícilmente se podrán financiar infraestructuras o políticas sociales sin “el dinero, el dinero y el dinero”.

De ahí que es imprescindible que el sector público se limite a gastar lo que se puede pagar, con las prioridades que marquen los políticos, no los técnicos y que empiece a dar a los empresarios los medios para que ganen dinero, vean el futuro con buenas expectativas y contraten a más trabajadores y los saquen del paro, pero por este orden, porque aquí si intentamos variar los factores, variamos producto. Si no, que se lo pregunten a los cinco millones de parados.

Por eso en España no tenemos que ponernos a llorar a dar las noticias, ni reinar pleitesía a otros. Somos un gran país y nuestro Presidente, -que para eso le hemos elegido-, nos dirá que es lo que tenemos que hacer. Y si no nos gusta, pues dentro de cuatro años no le votamos, pero cuidado con los listillos que quieren aprovechar la situación. Una de las mejores herramientas para desarmar a la ciudadanía es fomentar el desprecio a la política y a la democracia: es mejor que los ciudadanos no participen, no pregunten, no controlen. Y esta herramienta se maneja de varias maneras. Necesitamos muchas cosas, sí, también una regeneración política, pero mucho cuidado porque el desprecio a la democracia, por limitada que ésta sea, es un arma de dominación.